Era una noche fría. Un baldío oscuro en La Plata parecía estar tranquilo.
Una adolescente de catorce años de edad rompió la armonía de la noche estrellada.
Allí, en aquel baldío, dio a luz a una niña. La adolecente luego del parto huyó del lugar, dejando a la niña a la intemperie.
El lugar estaba oscuro y solitario. Iluminado tenuemente por la luz de la luna.
Cerca del baldío había una humilde casa. Allí se encontraba una casilla, donde “China” hacía unas horas había dado a luz a sus cachorros.
Al sentir los llantos de la niña, China salió y la agarró como a un cachorro más. La llevó junto a sus crías y allí la cobijó para que no tomara frío.
Algunos científicos sostienen que ese acto realizado por China se debe a un instinto materno, ya que acababa de tener a sus cachorros. Otros sostienen que se debe a que los perros son muy sociables.
Pasadas unas horas el dueño de casa advirtió algo raro y se acercó a la casilla donde estaba China.
Allí pudo ver a la beba. Con gran asombro en su rostro, intentó retirar a la niña de allí. La perra comenzó a ladrar, se puso nerviosa y no permitió que su dueño se acercara.
El hombre, ante la imposibilidad de recuperar a la beba, llamó a la policía.
Así, efectivos de la policía, llevaron a la recién nacida al hospital donde se recupera favorablemente.